(editado 17 de abril de 2014)
Podría sentir que los días se apilaban en un recodo de su cada día más amarga existencia, sumando tiempo perdido en el balance de su vida, tan lóbrega como la sombra de aquellos que un día comenzaron a escribir su historia junto a él y lo abandonaron.
Podría considerar que sus sueños fueron relegados tras las piedras del camino, a causa del desánimo de aquellos que se dejaron llevar cuales flotadores esparcidos en un mar bravío.
Podría descubrir que sólo se tiene a sí mismo y de compañera la resignación, convivencia nefasta pues desmenuza cualquier atisbo de esperanza que osase a abrigar.
Podría reprocharse su actitud, ofenderle aquella agónica existencia...

Pero ocurría que, como buen soñador de utopías, encontró al Sancho que le acompañaría en sus locuras quijotescas, y creyó en sí mismo.
(El relato anterior era pesimista. Este Quijote viajaba sin su Sancho, ese que todxs llevamos dentro y no siempre escuchamos).
Podría sentir que los días se apilaban en un recodo de su cada día más amarga existencia, sumando tiempo perdido en el balance de su vida, tan lóbrega como la sombra de aquellos que un día comenzaron a escribir su historia junto a él y lo abandonaron.
Podría considerar que sus sueños fueron relegados tras las piedras del camino, a causa del desánimo de aquellos que se dejaron llevar cuales flotadores esparcidos en un mar bravío.
Podría descubrir que sólo se tiene a sí mismo y de compañera la resignación, convivencia nefasta pues desmenuza cualquier atisbo de esperanza que osase a abrigar.
Podría reprocharse su actitud, ofenderle aquella agónica existencia...
Pero ocurría que, como buen soñador de utopías, encontró al Sancho que le acompañaría en sus locuras quijotescas, y creyó en sí mismo.
(El relato anterior era pesimista. Este Quijote viajaba sin su Sancho, ese que todxs llevamos dentro y no siempre escuchamos).




