Bueno, en vista del desánimo en el que me encuentro últimamente, y como no hay nadie mejor que yo misma para sacárme de él, he dejado a un lado los sentimientos y he estado reflexionado sobre algo fuera de lo habitual en este blog y que posiblemente sea vanal, pero a mi me ha divertido, que falta me hace.
El ascensor. Pequeño habitáculo de inevitable encuentro entre vecinos.

¿Cuántas veces habéis subido a casa andando o habéis dicho “suba, suba, estoy esperando a alguien...”, con tal de no compartir el ascensor con algún vecino? Porque es que hay cada unooo.... Están los que tienen una higiene que ni te cuento. El tufo se mantiene allí dentro el tiempo justo para que cuando tú entres, te eche pa tras...; a otros les deben haber cosido la boca con hilo de pescar..., porque no hay forma de sacarles un “hola”, o bien lo dicen con la boca pequeña como si en ello perdieran parte de su vida.
También están los que aún viviendo en el segundo, y teniendo buenas piernas, (que yo lo sé) suben en ascensor porque “yo también lo he pagado”, y tienen toda la razón del mundo, pero ¿se tienen que justificar ante ellos mismos...? ¡qué chorrada!
Y luego están los incívicos que les importa tres pepinos, aunque se lo digas, muy educadamente, eso sí, que los demás tengamos que soportar el humo de su tabaco “nooo, si lo llevo apagado” y una mi....... o lo cogen al revés haciendo hueco con la mano, ¡como si el humo así se evaporara antes de llegar a anuestras narices! O los que dejan la meadita del pobre perro que no aguanta más y, no os penséis... allí se queda hasta que viene la de la limpieza, aunque más de una he fregado, porque imaginaos aquello allí tres días..., y encima para que venga algún despitado y lo pise.... ¡Haaalaaa, todo de pisaditas meonas por el rellano! ¡qué asco! mejor lo doy más detalles, ¿no?
¿Y por qué será que en el ranking la conversación preferida es el tiempo?
Yo tengo una vecina que cuando nos encontramos por la mañana siempre me suelta la misma frase: “Vas al gimnasio, ¿no?, yo iré luego” me dan ganas de gritarle: “¡pero si ya sabes que sí!”. Después de un porrón de años, cada día a la misma hora y con la bolsa de deporte... yo creo que es obvio. En estos casos mejor sería que se limitara a un saludito breve, porque se vuelve muy pesada la pobre.
¿Y cuándo el ascensor se estropea?, toca subir a pata, claro, ¡hasta el décimo piso jod...!. Mientras mentalmente vas maldiciendo al técnico que lleva tres días sin dar señales de vida, ya en el octavo piso te cruzas con alguien que baja y, entre toma y toma de aire consigues decirle en un suspiro: “hola”, porque la situación no da para mucho más, bastante tienes con llevar una respiración más o menos acompasada y poder llegar a tu casa con algo de aire en los pulmones.
Se da una situación incómoda, o divertida, según te lo tomes, cuando al abrirse la puerta del ascensor te pillan delante del espejo haciendo moniquetas para tu propia diversión Ja ja ja ja!!
Para algunos, el ascensor es una verdadera ratonera. Son personas de poca o ninguna relación con nadie. Personas urañas que no disfrutan de la compañía y la conversación evitando una simple mirada. Para ellos el ascensor se convierte en un incómodo espacio pero claro, como también lo han pagado...
Para otros es un espacio donde compartir criticas sobre las deficiencias de la comunidad o de otros vecinos.
En fin, el ascensor es todo un mundo... si sus paredes y su espejo hablaran....