La frase

La felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante. (Antonio Gala)

lunes, 19 de octubre de 2009

Recuerdos

El otro día, observando a mis sobrinas mientras jugaban en el balcón de mis padres, recordé los ratos que mis hermanos y yo pasamos allí siendo niños.

Jugábamos a contar los coches de un determinado color que pasaban por la carretera y a menudo descolgábamos nuestras piernas por los barrotes hacia la calle sin pensar en que quizá hubiera algún peligro en ello.
Para nosotros estaba claro que no lo había ;)

Recuerdo cuando mi madre tenía ropa tendida y yo jugueteaba entre ella, sin que me viera, claro, ji,ji,ji, porque entonces se oirían sus gritos “¡¡hasta el infinito y más alláaaa!!” Ahhh... me encantaba jugar con las pinzas de tender, como si se tratara de un ábaco, las seleccionaba por colores y las contaba.

¡Y la de veces que tuvimos que bajar a la calle, a recoger alguna pelota u otro juguete que había caído! :O ... y no siempre sin querer, je,je,je, a veces era la excusa perfecta para bajar al parque. Con el tiempo supe que mi madre estaba al tanto de esa estrategia. Qué maravillosa es la ingenuidad infantil ^^

Mi madre tenía, y aún tiene, plantas que cuidaba con mucho mimo y rara era la semana que no tenía que reponer la tierra, ¿mira que gusta la tierra a los niños, eh? Ja,ja,ja...

Cuando tenía siete años tuvimos un hámster, me daba “cosa” cogerlo, porque tienen los huesecitos tan flexibles que parecía que se iba a desmontar entre mis manos, pero mi hermano pequeño no tenía esa misma percepción, y esto, sumado a que era un poco trasto, pues como que fue un un cóctel explosivo para la existencia del pobre animal. Un día lo cogió y sacó la mano por fuera del balcón: “¿O tiro?” madre mía como gritaba yo... “¡mama! ¡mama! ¡mamaaaaaaaaaa!” Por suerte acabó en su jaulita sano y salvo ;)

Y es que mi hermano pequeño llevaba de cabeza a mis padres. El puñetero se escondía y no decía ni mu cuando mi madre lo llamaba, imaginaos los sustos que nos llevábamos, porque no creáis que salía, nooooo.... Hasta que un día mi madre decidió que ya estaba bien, le colocó un cascabel como si se tratara de un lindo gatito, y he de confesar que desde entonces me divertía cuando ejercía su papel de el mejor escondido, porque eso de ir poniendo la oreja por los rincones del piso resultaba de lo más entretenido :D

Los balcones de los vecinos de puerta están uno al lado de otro separándose únicamente por una mampara de vidrio, bien, pues cuando mi padre o mi madre se olvidaban las llaves en casa, desde el balcón de mi vecina accedíamos al nuestro por un hueco en la parte inferior muy accesible para nuestro cuerpo menudo, pero cuando crecimos, la cosa se complicó... En una ocasión pasé del balcón de la vecina al nuestro subiéndome a la baranda... temerario, sí, lo sé, por eso no volví a hacerlo :S

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¡Cómo hecho de menos un balcón! y no por los juegos de los que disfrutábamos en él, ¡ahora ya tengo unos añitos para eso! je,je,je, sino porque la ropa se seca allí en un pispas, porque no tienes tanta sensación de estar encerrada en un piso, porque se gana luz natural, porque es media vida sobre todo en verano...
Mis padres todo eso lo sabían, por ello nunca lo cerraron como hacían y siguen haciendo algunos.

Quizá ahora que he acabado de pagar la hipoteca de mi piso sería el momento de buscar el piso o la casa de mis sueños, pero... uffffff.... no sé, ¿volver a empezar...? Las hipotecas de ahora son una cruz demasiado pesada y además los tiempos no acompañan.
De momento voy a saborear esta Libertad, que no es poco.

. :H

jueves, 8 de octubre de 2009

Cita obligada

Cuando llegó al lugar de la cita no había nadie esperándola. La puerta estaba abierta. Por instante dudó, quiso dar media vuelta pero ya lo había retrasado demasiado tiempo, así que respiró hondo y la cruzó.

La estancia era diáfana, con ventanas abiertas invitando al sol a verter allí su luz y calor. Y encima de la mesa, un libro de visitas.
No se hizo esperar demasiado. Cuando al fin llegó Ella, lo hizo sigilosamente pero con paso firme. Se acomodó en su sillón y la invitó a desnudarse y mostrarle todo lo que llevaba consigo.

A pesar de lo embarazoso de la situación no se sintió incómoda, sólo un poco cohibida al principio. Tampoco le dolió demasiado, al menos no tanto como esperaba.

Ya se lo habían advertido, Ella es implacable y sus métodos, poco delicados, muy eficaces aunque no siempre gratificantes.

Cuando salió, liberada al fin, en la habitación solo quedó La Verdad sentada en su sillón esperando la siguiente visita.

Foto de Jesús Rocha.

viernes, 2 de octubre de 2009

La Caja Negra de "The Shoaked Hearts"



Hace unos días, mi queridísima y apreciada bloguera Arwen junto con el resto de autores del blog The Shoaked Hearts (Calados hasta los versos), abrieron La Caja Negra, espacio en el que amigos y lectores podíamos compartir nuestra creatividad, introduciendo en ella un microrelato  a partir de estas palabras: Vigilante de seguridad, máquina expendedora de tiquets y emoción.
Os transcribo el microrelato con el que, encantadísima, colaboré en esta estupenda iniciativa con la que mis amigos de Calados siguen "tejiendo la red". 
Gracias chicos :D

Ser Vigilante de Seguridad no era la profesión con la que había soñado, pero decían que era el futuro.

Le designaron tres de las nueve máquinas expendedoras de tiquets que había en una de las mejores calles de la ciudad, por su alto nivel económico y por la imperiosa necesidad de sus servicios.

Cada mañana aquellos vecinos de clase alta cogían su ticket y le buscaban para validarlo:

- Buenos días, ¿Qué emoción desea para hoy?

- Serán dos: Indiferencia, pues he de comunicar dos despidos; y cariño, he quedado con mi novia para comer.

Supongo que Arwen me dará el visto bueno si digo que para próximas ediciones o propuestas quedáis todos invitados a participar ^^

:H