El otro día, observando a mis sobrinas mientras jugaban en el balcón de mis padres, recordé los ratos que mis hermanos y yo pasamos allí siendo niños.
Jugábamos a contar los coches de un determinado color que pasaban por la carretera y a menudo descolgábamos nuestras piernas por los barrotes hacia la calle sin pensar en que quizá hubiera algún peligro en ello.
Para nosotros estaba claro que no lo había ;)
Recuerdo cuando mi madre tenía ropa tendida y yo jugueteaba entre ella, sin que me viera, claro, ji,ji,ji, porque entonces se oirían sus gritos “¡¡hasta el infinito y más alláaaa!!” Ahhh... me encantaba jugar con las pinzas de tender, como si se tratara de un ábaco, las seleccionaba por colores y las contaba.
¡Y la de veces que tuvimos que bajar a la calle, a recoger alguna pelota u otro juguete que había caído! :O ... y no siempre sin querer, je,je,je, a veces era la excusa perfecta para bajar al parque. Con el tiempo supe que mi madre estaba al tanto de esa estrategia. Qué maravillosa es la ingenuidad infantil ^^
Mi madre tenía, y aún tiene, plantas que cuidaba con mucho mimo y rara era la semana que no tenía que reponer la tierra, ¿mira que gusta la tierra a los niños, eh? Ja,ja,ja...
Cuando tenía siete años tuvimos un hámster, me daba “cosa” cogerlo, porque tienen los huesecitos tan flexibles que parecía que se iba a desmontar entre mis manos, pero mi hermano pequeño no tenía esa misma percepción, y esto, sumado a que era un poco trasto, pues como que fue un un cóctel explosivo para la existencia del pobre animal. Un día lo cogió y sacó la mano por fuera del balcón: “¿O tiro?” madre mía como gritaba yo... “¡mama! ¡mama! ¡mamaaaaaaaaaa!” Por suerte acabó en su jaulita sano y salvo ;)
Y es que mi hermano pequeño llevaba de cabeza a mis padres. El puñetero se escondía y no decía ni mu cuando mi madre lo llamaba, imaginaos los sustos que nos llevábamos, porque no creáis que salía, nooooo.... Hasta que un día mi madre decidió que ya estaba bien, le colocó un cascabel como si se tratara de un lindo gatito, y he de confesar que desde entonces me divertía cuando ejercía su papel de el mejor escondido, porque eso de ir poniendo la oreja por los rincones del piso resultaba de lo más entretenido :D
Los balcones de los vecinos de puerta están uno al lado de otro separándose únicamente por una mampara de vidrio, bien, pues cuando mi padre o mi madre se olvidaban las llaves en casa, desde el balcón de mi vecina accedíamos al nuestro por un hueco en la parte inferior muy accesible para nuestro cuerpo menudo, pero cuando crecimos, la cosa se complicó... En una ocasión pasé del balcón de la vecina al nuestro subiéndome a la baranda... temerario, sí, lo sé, por eso no volví a hacerlo :S
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¡Cómo hecho de menos un balcón! y no por los juegos de los que disfrutábamos en él, ¡ahora ya tengo unos añitos para eso! je,je,je, sino porque la ropa se seca allí en un pispas, porque no tienes tanta sensación de estar encerrada en un piso, porque se gana luz natural, porque es media vida sobre todo en verano...
Mis padres todo eso lo sabían, por ello nunca lo cerraron como hacían y siguen haciendo algunos.
Quizá ahora que he acabado de pagar la hipoteca de mi piso sería el momento de buscar el piso o la casa de mis sueños, pero... uffffff.... no sé, ¿volver a empezar...? Las hipotecas de ahora son una cruz demasiado pesada y además los tiempos no acompañan.
De momento voy a saborear esta Libertad, que no es poco.
. :H

